Un Abra es una abertura en las sierras.
Un claro.
Un paso que se abre entre los cerros.
No sabemos a dónde lleva.
Pero podemos asomarnos, mirar un poco y chusmear qué hay del otro lado.
Abramos el Abra.
22 personajes de una historia que nunca se cuenta igual.
El que entra con las manos llenas de herramientas y una pregunta sencilla: ¿qué podemos hacer con lo que ya tenemos?
La que habla bajito porque sabe que algunas respuestas aparecen cuando dejamos de perseguirlas.
La que llega con ganas de crear algo y descubre que crear también es cuidar.
El que mira el terreno, levanta una pared y dice: esto tiene que poder sostenerse.
El que entra en escena con una historia aprendida, una pregunta incómoda y la sospecha de que todavía le queda algo por aprender.
El que te pone una elección delante y te pregunta qué harías si escucharas de verdad lo que te importa.
El que ya está en movimiento y, mientras avanza, intenta decidir hacia dónde llevar todo ese impulso.
La que no necesita demostrar su fuerza: la conoce, la sostiene y aprende dónde ponerla.
El que enciende una pequeña luz para caminar el solitario sendero hacia adentro.
La que gira sin pedir permiso y nos recuerda que el camino también cambia cuando nosotros no lo hacemos.
La que se sienta enfrente, te mira a los ojos y pregunta qué parte de la historia te corresponde mirar.
El que se queda quieto un rato porque sospecha que cambiar de posición puede cambiar lo que vemos.
La que llega para cerrar una puerta que ya no podía seguir abierta de la misma manera.
La que mezcla lo vivido hasta encontrar una forma nueva de seguir sin tener que volver a ser quien era.
El que conoce tus deseos, tus costumbres y esas pequeñas cadenas que a veces preferimos no mirar.
La que entra haciendo bastante ruido, tira abajo lo que ya no se sostiene y deja a la vista lo que había debajo.
La que aparece cuando todo quedó un poco más desnudo y pregunta qué de eso se siente verdaderamente tuyo.
La que camina de noche y no promete claridad; apenas te invita a escuchar lo que aparece en el camino.
El que abre las cortinas y dice: bueno, ahora que se ve… ¿qué hacemos con esto?
El que te llama por tu nombre cuando ya no alcanza con seguir haciendo de cuenta que no escuchaste.
El que cierra la puerta, mira todo lo vivido y pregunta: ¿y ahora qué hacemos con esto?
El que no sabe exactamente adónde va, pero ya está caminando.